Hay sitios que no se corren, se viven, y Chamonix es uno de ellos. A los pies del Mont Blanc (4.802 m), donde nace la leyenda del trail running y se celebra la UTMB, la mejor carrera de montaña del mundo; 30 corredores y 2 entrenadores nos juntamos durante cuatro días para hacer lo que mejor sabemos hacer: disfrutar de la montaña, compartir y flipar. Esta es la crónica de un training camp Chamonix que se queda para siempre en el recuerdo.
Un grupo, mil niveles, una misma energía
Lo primero que hace especial a este camp es la gente. Éramos 30 participantes con perfiles de lo más transversal: desde amateurs de nivel alto hasta atletas con un ritmo más tranquilo en la montaña. La mitad no había pisado nunca un training camp; la otra mitad repetía, porque quien viene una vez, vuelve.
Esa mezcla, lejos de ser un problema, fue la mejor parte. Nadie iba a competir con nadie. En nuestros camps no hay clasificaciones, ni cronos, ni «a ver quién llega antes». Vamos a compartir experiencias para toda la vida, y eso se notó desde el minuto uno.
Día 1 — Soltar piernas y romper el hielo
Empezamos suave, como manda el sentido común. Una ruta de 13 km y 200 m de desnivel positivo por los bosques de Chamonix. El objetivo no era el dato: era soltar las piernas del viaje, dejar que el grupo se conociera y empezar a poner cara a quienes serían nuestros compañeros de aventura.
Fue también el primer contacto con el material a testar: las La Sportiva Prodigio entraron en faena. Nada como estrenar terreno mítico con zapatillas nuevas bajo los pies.
Terminamos el día con las piernas despiertas, las conversaciones arrancadas y la sensación de que aquello iba a ser grande.
Día 2 — La Jonction: cara a cara con los glaciares
El segundo día subimos el listón. Tocaba La Jonction: 15 km y 1.700 m de desnivel positivo hasta el punto donde se unen el glaciar de Taconnaz y el glaciar des Bossons. De esos lugares que te dejan sin palabras.
Todo el grupo afrontó la ruta, pero divididos en dos: un grupo conmigo y otro con Edu, algo más tranquilo. Esa es la clave de que funcione con niveles tan distintos: nadie se queda atrás y nadie tiene que apretar más de la cuenta.
Y arriba, la recompensa. Estar frente a esa masa de hielo, con el rugido del glaciar de fondo, es de esas cosas que recolocan la perspectiva. Empezó ahí una sensación que ya no nos abandonó en todo el fin de semana: la de estar flipando constantemente con lo que teníamos delante.
Día 3 — Del lago azul a la Mer de Glace
Si había un día para enmarcar, fue este. Subimos desde Chamonix hasta el Plan de l’Aiguille, paramos en el lago azul — ese espejo de agua imposible a los pies de las cumbres — y nos quedamos embobados con las vistas de la Aiguille du Midi clavándose en el cielo.
Desde ahí, ruta hasta la Mer de Glace, el mayor glaciar de Francia, antes de bajar de vuelta a Chamonix: 22 km y 1.700 m de desnivel para quienes hicieron la jornada completa. El grupo de iniciación, fiel a la filosofía de disfrutar sin sufrir de más, cerró un día redondo de 14 km y 1.300 m cogiendo el tren en la bajada.
Dos maneras de vivir el mismo día, las dos perfectas.
Una tarde para entender la montaña
Un training camp de trail running no es solo correr. Una de las tardes la dedicamos a una charla de meteo y trail running: cómo leer el cielo, identificar peligros y hacerte una previsión sencilla del tiempo sin ser meteorólogo. En montaña, saber interpretar lo que viene puede marcar la diferencia entre una salida épica y un mal día. La rematamos con una sesión de estiramientos para cuidar unas piernas que ya iban acumulando.
La tarde del sábado, en cambio, fue libre. Tiempo para perderse por Chamonix, tomar algo, comprar souvenirs y empaparse del ambiente de la capital mundial del alpinismo. Descansar también es parte del entrenamiento.
Día 4 — La gran despedida: Lac Blanc, Le Brévent y las alturas
Para el último día, montaña a la carta. Cada uno eligió su aventura final:
- Un grupo encadenó Chamonix – La Flégère – Lac Blanc y vuelta: 24 km y 1.500 m de desnivel hasta uno de los lagos más fotografiados de los Alpes, con el macizo del Mont Blanc reflejado en el agua.
- El grupo de iniciación coronó Le Brévent: 11 km y 900 m con un balcón privilegiado sobre el valle.
- Y quienes prefirieron vivirlo desde otra altura subieron en teleférico a la Aiguille du Midi, a 3.842 m, para asomarse al techo de Europa occidental.
Durante todo el fin de semana probamos los bastones Leki — esos aliados que en subidas largas y bajadas técnicas se convierten en una marcha extra. Además, dimos a cada participante una bolsa del corredor con nutrición deportiva, calcetines Dynafit y alguna sorpresa más.
Lo que de verdad nos llevamos a casa
Si me preguntas por los datos, ahí están: kilómetros, desnivel, glaciares, cumbres. Pero lo que de verdad importa no se mide en metros.
Durante cuatro días se respiró una energía positiva difícil de explicar. Hubo momentos divertidísimos, otros de quedarnos mudos ante el paisaje, y sobre todo mucho respeto y empatía entre gente que cuatro días antes no se conocía. Eso es lo que buscamos en cada camp de trail running: no ganar a nadie, sino vivir algo juntos que cueste olvidar.
Chamonix 2026 fue exactamente eso. Un grupo transversal, una montaña inmensa y la sensación compartida de estar viviendo algo que ya, mientras pasaba, sabíamos que íbamos a recordar siempre.
¿Te lo vas a perder en 2027?
Las plazas de nuestros training camps de trail running vuelan, y Chamonix es de los que repiten en el calendario. Si leyendo esto se te ha puesto el gusanillo, el año que viene puede ser tu turno de pisar los senderos del Mont Blanc con nosotros.
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